DEMOCRACIA ¿PARA QUÉ?, por Jesús Nava
“He tratado del Estado democrático, con preferencia a todos los demás, porque me parecÃa el más natural y el que más se aproxima a la libertad que la naturaleza concede a cada individuo” (Spinoza).
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Fernando de los RÃos, partidario de un socialismo democrático, visitó a Lenin, junto con otro comisionado español, para estudiar las condiciones en que el Partido Socialista Obrero Español, podrÃa ingresar en la Internacional Roja. Lenin les puso veintiuna condiciones. Fernando de los RÃos, ya de vuelta, defendió la negativa a entrar en la III Internacional Comunista, sobre todo porque vino preocupado por los sesgos totalitarios que observó en la Rusia soviética. Al parecer le preguntó a Lenin qué pasaba con la libertad. Y el polÃtico marxista replicó: “Libertad, ¿para qué?”.

Semejante respuesta sólo puede proceder de un filósofo ignorante o de un polÃtico cÃnico. Si fue verdad que Lenin sintió, según reivindicación de su mujer, “un gran amor hacia la clase trabajadora” -¿qué clase de amor es el amor a una clase?- fue un amor mal entendido. Y un filósofo que no entiende lo que es el amor es un filósofo nulo, porque no entiende lo esencial. Pero, en cuanto que polÃtico, fue un cÃnico y un déspota, pues negó, a los que dijo amar tanto, la libertad que no hubiera soportado le arrebataran a él.
Nadie con un mÃnimo de honestidad intelectual y buen juicio puede preguntar para qué sirven cosas como la libertad, la vida o la felicidad. No sirven para nada, porque no son medios para conseguir fines más altos, sino un fin en sà mismas. Ignorar esto, y no sentirlo vivamente, es yacer en la oscuridad espiritual más espantosa. Compadezco al que vive en ese estado de ignorancia e incultura respecto a lo que más importa. Le compadezco, aunque no le desprecio, por supuesto. Es deber de todo hombre razonable instruir a los indoctos, por eso escribo; y aprender de los sabios, por eso estudio.
No me extraña en absoluto la enorme diferencia que noto al leer a los filósofos del Estado democrático y a los propagandistas de las estúpidas ideologÃas del odio. Mientras Lenin -y otros tiranos mal ilustrados- consideraba que habÃa cosas más importantes que hacer por la humanidad que liberarla de sus cadenas, Spinoza afirmaba que “el verdadero fin del Estado es la libertad”.
No deja, pues, de ser irónico que los materialistas marxistas hayan querido reclutar para sus filas a un filósofo que jamás hubiera entrado en ellas, puesto que siempre consideró que la opresión, en cualquiera de sus incontables facetas, era la mayor de las desdichas, “ya que es totalmente contrario a la libertad de todos adueñarse del libre juicio de cada cual mediante prejuicios o coaccionarlo de cualquier forma”.
De ahà que dejara firmemente asentada, basándose en la necesidad y la razón, la verdad de que la democracia es el mejor entre todos los regÃmenes posibles, porque es el único que libera a los hombres del miedo y les permite vivir en concordia, con el máximo de libertad y seguridad:
“De los fundamentos del Estado, anteriormente explicados, se sigue con toda evidencia, que su fin último no es dominar a los hombres ni sujetarlos por el miedo y someterlos a otro, sino por el contrario, librarlos a todos del miedo para que vivan, en cuanto sea posible, con seguridad; esto es, para que conserven al máximo este derecho suyo natural de existir y de obrar sin daño suyo ni ajeno. El fin del Estado, repito, no es convertir a los hombres de seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su mente y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad, y que ellos se sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños, ni se ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del Estado es, pues, la libertad” (Tratado teológico-polÃtico, capÃtulo XX).
Asà que, democracia ¿para qué? Para ser libres. Libertad ¿para qué? Para ser hombres.
FD, 15/02/2006.
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April 9th, 2010 @ 01:24
Siguen sin querer escribir las explicaciones de Lenin y se quedan con la mera pregunta irónica de Lenin para despotricar contra quien metÃa el dedo en la llaga de la verdad capitalista.
La burguesÃa no es demócrata, ni su sentido de justicia la lleva por los claros senderos de la justicia, la libertad, el derecho pleno, etc. etc. No, sus intereses condicionan su práctica polÃtica y el lenguaje, según sea el caso, para defender dictaduras o ciertas manifestaciones democráticas acordes con su “sacrosanta libertad económicaâ€.
Pero para eso hay que ser crÃtico, cientÃfico y por tanto observar la naturaleza y no tanto la superficie (o discursos)