REGENERACIÓN DEMOCRÃTICA, por Jesús Nava
“Me temo que una gran parte de los que se autodenominan demócratas no tienen la misma concepción de la democracia que yo. Parece como si todo el asunto se redujera a combatir los partidos y el sistema partitocrático, en vez de construir y generar un sistema democrático, e infundir o difundir el espÃritu de la democracia entre la gente más sensata. Yo me dirijo a cualquier persona amante de la libertad y con un mÃnimo de empatÃa hacia los más humildes. El trigo aquà son los demócratas y la cizaña los antidemócratas. Mis enemigos no son ni los socialistas ni los conservadores ni los nacionalistas, sino los que se oponen a la soberanÃa del pueblo y a su libertad. No voy contra ningún partido, sino que veo más lejos que ellos, y ninguna ambición ni corruptela me nubla la visión. Quiero el bien de mi paÃs, que incluye mi propio bien, y todos los que se oponen a la libertad democrática, por el contrario, quieren únicamente su propio bien y se oponen al bien público y común”.
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Estoy de acuerdo con quienes dicen -aunque no estoy seguro de compartir sus motivos para decirlo- que limitarse a criticar el sistema y a los ciudadanos no nos llevará a ningún sitio.
La forma de gobierno vigente en España es una oligocracia (poder polÃtico en manos de unos pocos), no una autocracia (dictadura unipersonal) ni un totalitarismo. Y tenemos muchas libertades civiles, incluso algunas polÃticas, pero no tenemos la más mÃnima democracia. Por eso dije alguna vez que este sistema es tan endiabladamente falso que va a generar mucha polémica incluso entre aquellos que luchan sinceramente por la libertad.
A mà me gustarÃa saber, simplemente, cuántos de ellos luchan también por la democracia. Porque no es lo mismo independencia que libertad, ni libertad que democracia. Cuando se logre, mediante el arte de ser libre, que nuestro paÃs tenga libertad democrática, se habrá cumplido mi objetivo polÃtico.
Porque entiendo por democracia, el autogobierno del pueblo, y cuando la mayorÃa es razonable y justa (la educación tiene mucho que ver aquÃ), el poder del pueblo crea instituciones públicas libres que garantizarán, bajo la mirada vigilante de los ciudadanos, la libertad para todos.
Me temo que una gran parte de los que se autodenominan demócratas no tienen la misma concepción de la democracia que yo. Parece como si todo el asunto se redujera a combatir los partidos y el sistema partitocrático, en vez de construir y generar un sistema democrático, e infundir o difundir el espÃritu de la democracia entre la gente más sensata.
Yo me dirijo a cualquier persona amante de la libertad y con un mÃnimo de empatÃa hacia los más humildes. El trigo aquà son los demócratas y la cizaña los antidemócratas. Mis enemigos no son ni los socialistas ni los conservadores ni los nacionalistas, sino los que se oponen a la soberanÃa del pueblo y a su libertad.
No voy contra ningún partido, sino que veo más lejos que ellos, y ninguna ambición ni corruptela me nubla la visión. Quiero el bien de mi paÃs, que incluye mi propio bien, y todos los que se oponen a la libertad democrática, por el contrario, quieren únicamente su propio bien y se oponen al bien público y común.
Creo, por lo tanto que, cuantos nos sentimos demócratas, primero debemos ponernos de acuerdo en qué entendemos por democracia; después, investigar qué caminos conducen a ella; y, por último, qué estamos dispuestos a hacer para alcanzarla.
No podrÃa decir si hay muchos o pocos españoles dispuestos a sangrar por los derechos democráticos. No lo sé. Aunque el número de voluntades que hemos logrado aunar en la ALCD, sólo a través de Internet, pero entre internautas y escritores que se suponen muy sensibilizados por estos asuntos, no parece augurar un porvenir ilusionante para la democracia.
Desde luego, los caminos para llegar a la democracia -que no vendrá de la mano de élites, intelectuales o tiranos, pero tampoco de los partidos actuales ni de la masa apática y conformista- son infinitos, pero ninguno fácil, sobre todo cuando el pueblo no suspira más que por tranquilidad privada, dinero y deportes. Esto no es criticar a los españoles, sino verlos como son.
Aún asÃ, insisto: he tomado partido por la felicidad del pueblo. Y a ello me voy a dedicar. Sin ninguna esperanza de éxito. Pero el éxito siempre me ha importado poco. Sólo aspiro a cumplir con mi deber. Y predicaré como filósofo o simple ciudadano, sólo o acompañado, a tiempo y a destiempo, escuchen o dejen de escuchar, esa buena noticia o “evangelio†que, según Thomas Paine, es la democracia representativa, “algo tan nuevo y tan trascendentalmente sin igual, en el mundo europeo, que el nombre de revolución disminuye su carácter, pues se eleva hasta una regeneración del hombreâ€.
A esa regeneración me refiero yo.
“Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia. No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones.” WALT WHITMAN
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October 15th, 2007 @ 17:04
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