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LA VOLUNTAD DE LA MAYORÍA, EXPRESADA HONESTAMENTE, DEBE SER LEY, por Thomas Jefferson

Filed under: ABECÉ DE LA DEMOCRACIA — 15 September, 2008 @ 18:46

“[El presidenteWashington] desvió la conversación al diario antifederalista de Philip Freneau; dijo que despreciaba todos los ataques personales de que era objeto, pero que no había una sola acción del gobierno, no sólo ejecutiva, sino de cualquier carácter, que dicho diario no criticara. También había marcado la palabra “república” cuando se aplicaba a la República francesa. Estaba claramente dolido y acalorado, y me pareció que su intención era que yo tomase alguna medida con respecto a Frenau, quizá anulando su nombramiento de funcionario traductor de mi despacho. Mas no haré tal cosa. Su diario ha salvado nuestra Constitución, que galopaba velozmente hacia a la monarquía, y ningún medio la ha controlado tan eficazmente como aquel diario. Unos principios adoptados conscientemente no pueden rendirse. Mi deseo era ver ambas Cámaras del Congreso limpias de personas con intereses en el Banco o en acciones públicas; y que si se nos daba un legislativo puro, siempre estaría dispuesto a aceptar sus decisiones, aun contrarias a mis propias opiniones; pues suscribo el principio de que la voluntad de la mayoría, expresada honestamente, debe ser ley.”

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En cuanto a coaligarme con Hamilton, si por ello se suponía que uno de los dos tendría que sacrificar al otro sus sistema general, lo tenía por imposible. Ambos habíamos llegado a nuestras respectivas conclusiones tras muy maduras consideraciones, sin género de dudas; y unos principios adoptados conscientemente no pueden rendirse.

Mi deseo era ver a ambas Cámaras del Congreso limpias de personas con intereses en el Banco o en acciones públicas; y que si se nos daba un legislativo puro, siempre estaría dispuesto a aceptar sus decisiones, aun contrarias a mis propias opiniones; pues suscribo el principio de que la voluntad de la mayoría, expresada honestamente, debe ser ley.

[Conversación con el presidente Washington. 7 de febrero de 1793.]

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E. Randolph nos cuenta a J. Madison y a mí un hecho curioso que conoce por Lear. Cuando el presidente fue a Nueva York, se resistió tres semanas a los esfuerzos para establecer la costumbre del besamanos. Finalmente se rindió, dejando las formas en manos de Humphreys y algunos otros. Al efecto, se procuraron una antecámara y un salón de recepciones, y una vez reunidos quienes venían a cumplimentar al presidente, éste se pudo en movimiento, precedido por Humphreys. Cuando cruzaron la antecámara se abrió de par en par la puerta de la sala interior, y Humphreys, adelantándose al presidente, proclamó a grandes voces: “El presidente de los Estados Unidos”. El presidente quedó tan desconcertado que no pudo recuperarse mientras duró el besamanos, y una vez dispersada la concurrencia, dijo a Humphreys: “Vaya, me habéis engañado una vez, pero por Dios que no me engañaréis una segunda”.

[16 de febrero de 1793]

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Philip Freneau, escritor y patriota, fue amigo de Madison y Jefferson, y un fustigador implacable de la corrupción política de los federalistas de Hamilton.Desvió (el presidente Washington) la conversación a un suelto del diario antifederalista de Philip Freneau, de fecha de ayer; dijo que despreciaba todos los ataques personales de que era objeto, pero que no había una sola acción del gobierno, no sólo ejecutiva, sino de cualquier carácter, que dicho diario no criticara. También había marcado la palabra república cuando se aplicaba a la República francesa… Estaba claramente dolido y acalorado y me pareció que su intención era que yo tomase alguna medida con respecto a Freneau, quizá anulando su nombramiento de funcionario traductor de mi despacho. Mas no haré tal cosa. Su diario ha salvado a nuestra Constitución, que galopaba velozmente hacia la monarquía, y ningún medio la ha controlado tan eficazmente como aquel diario.

Es bien y universalmente sabido que dicho diario ha controlado la carrera de los monócratas; y el presidente, insensible a los designios del partido, no ha interpretado con su habitual buen sentido y sangre fría los esfuerzos y efectos de esta prensa libre, viendo que, pese a haberse transmitido en ella algunas malas cosas al público, las buenas han preponderado extraordinariamente.

[23 de mayo de 1793]

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La denuncia de las sociedades democráticas es una de las muchas y extraordinarias manifestaciones de audacia de la facción de los monócratas. Es ciertamente portentoso que el Presidente Washington haya aceptado ser el órgano de tamaño ataque a la libertad de discusión, la libertad de escritura, de imprenta y de publicación.

Será en extremo curioso conocer las modificaciones de esos derechos que proponen, y ver la línea que su ingenio trazaría entre las sociedades democráticas, cuyo objeto expreso es fomentar los principios republicanos de nuestra Constitución, y la sociedad de los Cincinnati, que se ha creado a sí misma, ha forjado para sí distinciones hereditarias, no se recata de denigrar nuestra Constitución, se reúne periódicamente en todos los rincones de la Unión, a apuerta cerrada, acumula un capital en su tesorería independiente, mantiene correspondencia secreta y regular, y cuyos padres, fundadores y altos cargos son precisamente las mismas personas que denuncian a los demócratas.

Han de estar totalmente deslumbrados por el resplandor de las coronas reales y nobiliarias pata no ver cuán extravagante es la propuesta de eliminar a los amigos de la libertad general, mientras se permite que quienes desean restringir esa libertad a unos pocos persistan en sus principios y sus prácticas. Excluyo aquí a las personas cuya mala conducta ha sido aprovechada para calumniar a los amigos de los derechos del pueblo; y me alegra observar que, en la medida en que se extiende el círculo de mis observaciones e información, todo el mundo los ha perdido de vista, y juzga el asalto abstracto a sus derechos naturales y constitucionales en toda su crudeza. Jamás ha llegado a mis oídos ninguna expresión u opinión, o referencia a ellas, que no lo condene como una agresión inexcusable.

[Carta a James Madison. Monticello, 28 de diciembre de 1794.]

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Mr. Smith, comerciante de Hamburgo, me da la siguiente información: el club St. Andrew’s de Nueva York (todos ellos tories escoceses) dio recientemente una comida. Entre los invitados estaba Alexander Hamilton. Terminada la comida, el primer brindis fue por “El presidente de los Estados Unidos” . No hubo muestras de particular aprobación. El siguiente fue por “Jorge III” [rey de Inglaterra]. Hamilton se puso en pie y propuso copa llena y tres ovaciones. Todos los presentes se levantaros y ovacionaron…

[24 de enero de 1800]

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THOMAS JEFFERSON, Las anotaciones. Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.

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