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"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee." Lafayette

LA DEMOCRACIA, SOBERANÍA DEL PUEBLO, NO ES UNA UTOPÍA, por Jesús Nava

Filed under: SANTO Y SEÑA — 23 September, 2007 @ 20:20

“No hay nada que la voluntad humana desespere de lograr por medio de la libre acción del poder colectivo de los individuos” (Tocqueville). 

* * * * * *

Animamos a todos los demócratas, es decir, a cuantos anhelan un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, a que aparquen temporalmente sus preferencias políticas o simpatías partidarias, y se unan a nosotros -o nos permitan unirnos a ellos, pues tanto monta, monta tanto- para trabajar por la democracia que España nunca ha tenido y que, hoy, podría conseguirse, pacífica y civilizadamente, sin convulsiones de ningún tipo y en medio del alborozo general con que sería recibida la libertad.

Si una asociación política de ciudadanos -que no se preste a ser otro apéndice del Estado oligárquico, a servir de plataforma para ninguna personalidad o a convertirse en correa de transmisión de ninguna ideología obsoleta- logra comprender con claridad, y extender suficientemente en la sociedad civil, la idea de que no tenemos democracia, sino partitocracia; de que no elegimos a nuestros representantes, sino que los eligen los aparatos de los partidos para que nosotros nos limitemos a votarlos; de que el parlamento no legisla en beneficio de los ciudadanos, sino contra ellos, puesto que no los representan realmente; de que no hay separación de poderes, como aconsejaba Montesquieu, para que se vigilen mutuamente y se prevenga o corrija la corrupción en el Estado, sino que actúan por consenso o cambalache repartiéndose el botín en proporción a los votos obtenidos en elecciones fraudulentas; de que nunca -gobierne la izquierda o gobierne la derecha- tendremos, con la actual Constitución partitocrática, un gobierno democrático, sino siempre un gobierno de partido instalado en la demagogia y la retórica de izquierdas o de derechas; etcétera…

Busto de Alexis de Tocqueville.

Si logramos, digo, que esta idea penetre en la mente de suficientes españoles como para convertirla en opinión hegemónica en la sociedad civil -digan lo que digan los medios de comunicación y los partidos-, la exigencia ciudadana de un período constituyente de la democracia, para discutir y elaborar en unas Cortes constituyentes (integradas por diputados elegidos democráticamente para ese exclusivo cometido) una Constitución democrática, que sería sometida a referéndum, sería relativamente fácil de conseguir.

Lo difícil es convencer a los españoles de que el poder político y la soberanía -a pesar de lo que digan ciertos teóricos, que se dedican a jugar con palabras y a esconderse tras ellas-, en una democracia, reside en el pueblo o, por lo menos, puede y debe residir en él. Tocqueville demostró que eso ocurría con toda naturalidad en los Estados Unidos de América que él conoció. Observó y levantó acta del glorioso hecho con estas palabras precisas: “El pueblo participa en la elaboración de las leyes designando a los legisladores, y en su aplicación, eligiendo a los agentes del poder ejecutivo. Puede decirse que es él mismo quien gobierna, tan débil y restringida es la parte dejada a la administración. El pueblo reina sobre el mundo político americano como Dios sobre el Universo. El es la causa y el fin de todas las cosas; todo sale de él y todo se incorpora de nuevo a él”.

Ésta es la prueba de que en España, y en cualquier lugar del mundo donde los ciudadanos se organicen colectivamente para lograrlo, es posible también. La democracia no es una utopía. Otros pueblos la tienen o la han tenido. Que no la hayamos disfrutado jamás en España, no es por culpa de un azar aciago o una cruel fatalidad; es debido únicamente a que el pueblo español nunca ha sido persuadido para ser soberano, sino incitado a participar fanáticamente en revoluciones fratricidas del odio a “los otros” (el Hacha afilada por el rencor, que denunciaba León Felipe, siempre en alto, dispuesta a cortar cualquier germen de unión o atisbo de pequeña ligazón), o inducido a inclinarse servilmente ante dictaduras personalistas y de partidos de todos los colores.

Si nos lo proponemos, y no miramos demasiado los riesgos, un puñado de demócratas podríamos despertar el patriotismo de todos y empezar a constituir un río de libertad. La fuerza tranquila y serena de los ciudadanos, unidos por el espíritu de concordia y movidos por un mismo propósito, como si fueran un “cuerpo” con una sola “mente”, es inmensa. Lamentablemente, una mayoría de españoles, incluyendo a casi todos los intectuales y a la totalidad de los políticos profesionales, no creen en el poder de un pueblo para ser libre. 

Y tú ¿también crees lo mismo? ¿Tampoco piensas hacer nada? ¿Vas a limitarte a recoger, del árbol de la libertad, la fruta madura de la democracia que otros habrán cultivado con su esfuerzo ciudadano? ¿No prefieres poder decir algún día a tus hijos, nietos o amigos, con un sentimiento de satisfacción: “Yo también trabajé duro por esta cosecha de libertad que a todos nos hizo dignos y nos llena de legítimo orgullo”?

Contamos contigo para conseguir la democracia. Te necesitamos. Te esperamos. 

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“Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia. No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones.” WALT WHITMAN

1 comentario »

  1. Filosofía Digital » LA DEMOCRACIA, SOBERANÍA DEL PUEBLO, NO ES UNA UTOPÍA, por Jesús Nava:

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