¿DEMOCRACIA CONSTITUCIONAL O REPÚBLICA DE PARTIDOS?, por Jesús Nava
“Todas estas cosas han sucedido por la falta de una Constitución; porque la naturaleza y el propósito de una Constitución es prevenir el gobierno de partido, estableciendo un principio común que limite y controle el poder y el impulso del partido; y que diga a los partidos: hasta aquà habrás de llegar y no más allá†(THOMAS PAINE).Â
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No me gusta nada el cariz que ha tomado la polÃtica en España. Me preocupa, y mucho, como estoy seguro que también a miles de españoles que no están en la inopia. No por esperado el rumbo errático que sigue el gobierno de la nación es menos temible, ya que, aunque haya salido de unas “votacionesâ€, que no “eleccionesâ€, lo que tenemos -y hemos tenido siempre, en ausencia de una buena constitución, desde la muerte del general dictador- no es un gobierno democrático, sino un gobierno de partido.
EL PARTIDO EN EL GOBIERNO CAMBIA; EL GOBIERNO DE PARTIDO, JAMÃS
Durante el perÃodo preconstitucional, y el que siguió al golpe de Estado de 1.978, se colgó en el escaparate polÃtico el rótulo de “estamos en reformas por ampliación de negocioâ€, mientras se trapicheaba en la trastienda; posteriormente, durante tres legislaturas se aplicó el “rodillo socialistaâ€; después, durante dos, el “autoritarismo liberal-conservadorâ€; ahora tenemos, de lo malo, lo peor: “la dictaduraâ€, al alimón, de comunistas, separatistas y socialistas radicales.
El color del partido en el gobierno -en un gobierno de partido- cambia, pero la naturaleza corrupta del sistema jamás. Siempre la misma negación a los ciudadanos de la libertad polÃtica para elegir y cambiar el gobierno (aunque nos “otorguenâ€, a capricho, ciertas libertades que el antiguo régimen, desde luego, negaba totalmente) y la misma burla de la auténtica democracia, al no introducir, como mÃnimo, la separación de poderes y la elección directa, por mayorÃa, de nuestros representantes.
No esperaba otra cosa del sistema partitocrático. Menos aún de un partido marrullero que ha accedido al poder con muy malas artes (la costumbre se ha hecho ley en esta secta polÃtica) y que ha llegado con la intención de permanecer en él a toda costa, aunque sea repartiéndose la nación y compartiendo el poder con sus aliados comunistas y separatistas; es decir, con todos los estatistas reaccionarios, de derechas y de izquierdas, que aún quedan en España.
Esta labor de voladura de una nación secular la están llevando a cabo -con la complicidad de una mayorÃa de votantes- un grupo de irresponsables dinamiteros entre los que se encuentran eso que llaman rey; el fanfarrón de la humildad con su guardia pretoriana de embusteros y golpistas; los dictadores nacionalistas de las autonomÃas; y un partido que se autodenomina obrero, español, socialista, progresista y de izquierdas, ¡sin sonrojarse! ¿Será que no tienen de qué avergonzarse o más bien que no tienen vergüenza ni saben lo que es ruborizarse? (más…)




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