CONCIENCIAS TUTELADAS, por Jesús Nava
“Mientras nadie presente a los españoles una verdadera alternativa democrática, seria y honesta, frente a la actual oligocracia de partidos, corrupta y despótica, me parece precipitado atribuir a la nación un carácter servil. Reconozco que el pueblo español permanece cautivo de terribles prejuicios polÃticos y religiosos; pero, al contrario de cierto arrogante republicano que lo tilda de cobarde, yo sólo he observado en su conducta “insuficiencia de luces, errores de espÃritu, pero no bajeza del corazónâ€. Y también reconozco el enorme trabajo que cuesta desarraigar una idea concebida por la mayorÃa y destruirla aunque sea en un solo hombre que la ha adoptado: ni escritos ni discursos sirven para nada. Sólo un gran partido, nutrido con patriotas y guiado por esa hermosa constelación de principios que ha inspirado siempre a la democracia, podrá conmover y cambiar la sociedad, aunque para ello tenga que sacudirla y desgarrarla. No es fácil conseguir que un pueblo se libere del yugo de las malas creencias, las malas costumbres y las malas leyes. Después de todo, es raro que el discÃpulo supere a los maestros que lo han educado.“
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Cuando respondÃa a la pregunta sobre qué se podÃa hacer, aparte de criticar el sistema sociopolÃtico y cultural, para intentar cambiar las cosas, decÃa que “entregarse a ambas tareas -la filosófica y la polÃtica- requiere, aunque en distintos niveles y con el grado de pasión que merece cada fin, perseverancia, coraje e inteligencia o sentido común. Y debemos evitar con esmero tres errores muy humanos: la impaciencia, el desánimo y la indiferencia.â€
Insisto. Verás. Para construir una sociedad más libre, justa y armónica debemos antes concebir su “idea†en nuestra mente y comprobar, en la práctica, su viabilidad en las condiciones concretas del paÃs que queremos mejorar o cambiar, contando, por supuesto, con la voluntad de una mayorÃa de nuestros conciudadanos. Para esto hace falta la inteligencia o un sentido común mÃnimamente ilustrado.
Creo que muchos españoles entienden -o al menos imaginan- que la libertad democrática es la idea justa de libertad, sÃ, pero reculan a la vista de los medios necesarios para conquistarla: la asociación polÃtica de los ciudadanos. Les falta, pues, coraje. Y si no fuere esa la causa, al menos lo parece, pues deserta de sus principios quien no persevera en sostenerlos.
En España, entre los muchos daños infligidos al carácter nacional, y a la conciencia popular, por regÃmenes seculares de monarquÃas absolutas o limitadas, dictaduras militares y oligarquÃas de partidos, se debe incluir la aversión generalizada entre los ciudadanos a la participación en  los asuntos públicos. A base de insistir, explÃcita o implÃcitamente, en que los españoles no sabremos ser libres a menos que los partidos polÃticos, los militares o los curas tutelen nuestra conciencia y gobiernan nuestros actos, hemos caÃdo en la misocracia (aversión a la polÃtica o al gobierno) y el misoneÃsmo (aversión a lo nuevo). (más…)





